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Biblia - Palabras de Jesús - Apocalipsis

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En el altar de nuestra acogedora capilla del Santísimo, el cual simboliza a Cristo sacerdote, se celebra la Eucaristía todos los sábados y días laborables. La Sagrada Eucaristía es centro de la vida de la parroquia y ha de serlo de la vida cristiana de los feligreses.
 
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LAS PALABRAS DE JESÚS EN EL APOCALIPSIS

 

No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive, estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades (Apocalipsis 1, 17 - 18).

Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de Dios (Apocalipsis 2, 7).

El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda (Apocalipsis 2,11).

Al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo, que nadie conoce, sino el que lo recibe (Apocalipsis2, 17).

Al vencedor, el que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones, las regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla. Yo también lo he recibido de mi Padre. Y le daré el Lucero del alba (Apocalipsis 2, 28).

El vencedor será así revestido de blancas vestiduras, y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que me declararé por él delante de mi Padre y de sus ángeles (Apocalipsis 3,5).

Al vencedor le pondré de columna en el santuario de mi Dios, y no saldrá fuera ya más; y grabaré en él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que baja del cielo enviada por mi Dios, y mi nombre nuevo (Apocalipsis 3, 12).

Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono (Apocalipsis 3, 20 - 22).


El amor a Cristo, representado por el crucifijo, y el amor a la Virgen, simbolizado por el rosario, han de ser los dos grandes amores del cristiano, los cuales ni se excluyen ni se contraponen, sino que el uno conduce al otro. Quien quiera lo puede experimentar.
 
Este sagrario se encuentra en la capilla. En él, bajo las apariencias de pan, Cristo está realmente presente con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Visitarlo diariamente es una prueba de corresponder al Amor con amor.