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Biblia - Palabras de Jesús - Evangelios 2

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Las monjas de clausura, cuando hablan con personas que no viven en el convento, lo hacen en el locutorio. Es un lugar con dos estancias separadas por una verja: en una están las monjas y, en la otra, las personas de fuera del convento. En el que se está viendo, habló muchas veces nuestra Beata.
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LAS PALABRAS DE JESÚS EN LOS EVANGELIOS 2

 

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Lucas 21, 33).

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí (Juan 14,6).

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Juan 14, 9).

Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí (Juan 14, 11).

La palabra que escucháis no es mía, sino del Padre, que me ha enviado (Juan 14, 24).

El Padre es más grande que yo (Juan 14, 28).

Yo y el Padre somos uno (Juan 10, 30).

El Padre está en mí, y yo en el Padre (Juan 10, 38).

A aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"? (Juan 10, 36).

Salí del Padre, y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre (Juan 16, 28).

En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham existiera, Yo Soy (Juan 8, 58).

Yo soy la puerta (Juan 10,9).

Yo soy el buen pastor (Juan 10, 14).

Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo (Juan 9, 5).

Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8, 12).

Yo soy el pan de la vida (Juan 6, 48).

El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado (Juan 23).

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna (Juan 3, 16).

Llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz [la del Hijo] y saldrán, los que hayan hecho el bien, para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio (Juan 5, 28).

Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere (Juan 5, 21).

Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás (Juan 11, 26).

Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí (Juan 12, 32).

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna (Juan 3,14-15).

La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado (Juan 6, 28).

Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado, antes que el mundo existiese (Juan 17, 1-5).

Como el Padre me amó, yo también los he amado, permanezcan en mi amor (Juan 15, 9).

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos (Juan 15, 13).

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, y yo pediré al Padre, y os dará otro Abogado, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros (Juan 14, 15 - 17).

Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz (Juan 18, 37).

¿Porqué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en la casa de mi Padre? (Lucas 2, 49).

 Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya habéis recibido vuestros consuelo.

¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre.

¡Ay de los que ríen ahora!, porque tendrán aflicción y llanto.

¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban vuestros padres a los falsos profetas (Lucas 6, 24 - 26).

Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen (Lucas 6, 27 - 28).

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis, y no seréis juzgados, no condenéis, y no seréis condenados, perdonad, y seréis perdonados (Lucas 6, 36 - 37).

¿Cómo es que miras la mota que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la mota que hay en tu ojo", no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la mota del ojo de tu hermano (Lucas 6, 41 - 42).

Si tu hermano peca, repréndele, y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti diciendo: "Me arrepiento", le perdonarás (Lucas 17, 3 - 4).

¿Porqué me llamáis: "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? (Lucas 6, 46).

Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen. (Lucas 8, 21).

Os digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión (Lucas 15, 7).

El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lucas 19, 10).

Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios (Lucas 9, 60).

Nadie que pone la mano en el arado y mira para atrás, es apto para el Reino de Dios (Lucas 9, 62).

¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lucas 31 - 32).

Te digo, Pedro: no cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces (Lucas 22, 34).

Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? - Sí, Señor, tú sabes que te quiero - Apacienta mis corderos... Simón, hijo de Juan, ¿me amas? - Sí, Señor, tú sabes que te quiero - Apacienta mis ovejas... Simón, hijo de Juan ¿me quieres? - Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero - Apacienta mis ovejas (Juan 21, 15 - 17).

Quien a vosotros  escucha, a mí me escucha, y quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza, y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado (Lucas 10, 16).

Como el Padre me envió, yo también os envío...Recibid el Espíritu Santo. A quien perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quien se los retenáis, les quedan retenidos (Juan 20, 21 - 23).

Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo (Lucas 10, 18).

Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos pretenderán entrar, y no podrán (Lucas 13, 24).

Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará más al otro; o bien se entregará a uno, y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero (Lucas 16, 13).

Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje y quieren ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Ésos tendrán una sentencia más rigurosa (Lucas 20, 46).

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el pide, recibe; el que busca, encuentra, y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si le pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan! (Lucas 11, 9 - 13).

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotros y por vuestros hijos (Lucas 23, 28).

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23, 34).

Mujer, ahí tienes a tu hijo...Ahí tienes a tu madre (Juan 19, 26 - 27).

Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lucas 23, 43).

Tengo sed (Juan 19, 28).

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46).

Vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a  Dios (Juan 20, 17).

¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso, y entrara así en su gloria? (Luca 24, 25 - 26).

La paz con vosotros (Juan 20, 19).

¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme, y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que tengo yo (Lucas 24, 38 - 39).

Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente (Juan 20, 27).

Porque me has visto, has creído. Dichosos los que no han visto y han creído (Juan 20, 29).

Estas son aquellas palabras mías que os hablé, cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí (Lucas 24, 44).

Así está escrito, que el Cristo padeciera, y resucitara de entre los muertos al tercer día, y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra  parte, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto (Lucas 24, 46 - 49).



NOTICIAS

SANTORAL PARA HOY
En la puerta del sagrario de la iglesia, además de los ángeles, junto a Cristo clavado en la cruz, están las figuras de la Virgen y de San Juan. La Eucaristía se reserva en este sagrario, cuando hay culto en el templo. En esos momentos, Cristo muerto y resucitado está presente en él.