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Biblia - Palabras de Jesús - Evangelios 1

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El amor a Cristo, representado por el crucifijo, y el amor a la Virgen, simbolizado por el rosario, han de ser los dos grandes amores del cristiano, los cuales ni se excluyen ni se contraponen, sino que el uno conduce al otro. Quien quiera lo puede experimentar.
 
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LAS PALABRAS DE JESÚS EN LOS EVANGELIOS 1

 

Convertíos, porque ha llegado el Reino de los Cielos (Mateo 4, 17).

Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la Buena Nueva, ¡y dichoso aquel que no se escandalice de  mí! (Mateo 11, 4 - 6).

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han en vosotras, hace tiempo que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti. (Mateo 11, 21 - 24).

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan, y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros (Mateo 5, 1 - 12).

Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres. (Marcos 1, 17).

Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique, pues para esto he venido (Mateo 1, 38).

Hijo, tus pecados te son perdonados... ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico "Tus pecados te son perdonados" o decirle "Levántate, toma tu camilla y anda"? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico - A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa (Marcos 2, 5 - 11).

Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores (Marcos 2, 17).

Os digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que 

El sábado está instituido para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre es Señor del sábado (Marcos 2, 27 - 28).

Yo te bendigo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar (Mateo 11, 25-27).

Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero, y mi carga ligera (Mateo 11, 28).

No temas, pequeño rebaño, porque a tu Padre le ha parecido bien daros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haced bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón ni la polilla, porque donde esté vuestro tesoro, ahí también estará vuestro corazón (Mateo 12, 32 - 34).

Si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios (Mateo 12, 28).

El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama (Mateo 12, 30).

De la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del Hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches (Mateo 12, 40).

Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos (Mateo 16, 17-20).

Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado (Mateo 10, 40).

El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, le matarán, y al tercer día resucitará (Mateo 17, 22 - 23).

Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria del Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta (Mateo 16, 24 - 27).

Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles (Marcos 8, 38).

Por todo aquel que se declare por mí ante de los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre, que está en los cielos (Mateo 10, 32 - 33).

No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma: temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en el infierno (Mateo 10, 28).

No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra, y enemigos de cada cual serán los que conviven con él (Mateo 10, 34 - 36).

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará (Mateo 10, 37 - 39).

¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? (Marcos 9, 19).

¡Qué es eso de "si puedes"! ¡Todo es posible para el que cree! (Marcos 9, 23).

Lo que Dios unió, no lo separe el hombre...Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella, y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio (Marcos 10, - 12).

Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidais, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él (Marcos 10, 14 - 15).

Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar (Mateo 18, 6).

Guárdáos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en los cielos (Mateo 18, 10).

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego ven y sígueme (Mateo 19, 21).

Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos (Mateo 19, 24).

Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas, le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará (Mateo 20, 18).

El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será su esclavo; de la misma manera en que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20, 28).

Yo os lo aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo harán lo de la higuera, sino que si incluso dicen a este monte: Quítate y arrójate al mar, así se hará. Y todo cuanto pidáis  con fe en la oración, lo recibiréis (Mateo 21, 21).

Así, pues, habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden , y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal (Mateo 6, 9 - 13).

Porque si ustedes perdonan a otros sus faltas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre perdonará las faltas de ustedes (Mateo 6, 14 - 15).

Dad al Cesar, lo que es del Cesar, y a Dios, lo que es de Dios (Marcos 12, 17).

Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo [el Mesías] y engañarán a muchos (Mateo 24, 5).

Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la Creación del mundo. Porque tuve hambre, y me distéis de comer, tuve sed, y me distéis de beber, era forastero, y me acogisteis, estaba desnudo, y me vestisteis, en la cárcel, y vinisteis  a verme...En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis... Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer, tuve sed, y no me disteis de beber, era forastero, y no me acogisteis, estaba desnudo, y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis...En verdad os digo, que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos, a la vida eterna (Mateo 25, 31-46).

Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí, y velad conmigo (Mateo 26, 38).

Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero que no sea como yo quiero, sino como quieres tú (Mateo 26, 39).

¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?...Sí, lo soy. Y verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder, y venir entre las nubes del cielo (Marcos 14, 61 - 62).

Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado? (Mateo 27, 46).

Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28, 18 - 20).



NOTICIAS

SANTORAL PARA HOY
Pude verse uno de los cálices y una de las patenas de nuestra parroquia, objetos sagrados, con los que ofrecemos el pan y el vino en la Misa, y que, con la consagración, se convierten en el Cuerpo y Sangre del Señor, que después comulgamos.