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Puede verse una de las capas pluviales de la parroquia. Como empezó a usarse en las procesiones fuera del templo, ya en el siglo X, y se empleó para protegerse de la lluvia y del frío, empezó a llamarse pluvial. Se emplea en diversas ceremonias, por ejemplo, en la Exposición del Santísimo.
 
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DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B 
 
PONDRÉ PASTORES 
 
Por Alfonso Martínez Sanz 
 
Lecturas: Jeremías 23, 1-6; Efesios 2, 13-18; Marcos 6, 30-34 
 
1. Leí un pequeño cuento, del que, como suele ocurrir, puede sacarse alguna moraleja. Venía a decir que un cierto discípulo preguntó a su maestro: ¿debería leer libros de la Biblia? El maestro le respondió: el estudio de los Libros Sagrados despertará en ti un mayor anhelo de conocer a Dios, siempre que leas los versículos lentamente, esforzándote en asimilar su profundo significado, e intentado vivir de acuerdo con lo que enseñan. Pero el maestro añadió: cuando la lectura no se acompaña de la práctica que ella contiene, la lectura de la literatura sagrada produce vanidad, falsa satisfacción, y lo que yo llamo una indigestión intelectual. 
 
Aparte de otras consideraciones, se resalta bien que el maestro dejó muy claras a su discípulo dos cosas. Una era que sí que es bueno leer y conocer lo que enseña la Biblia. Y la otra era que no basta con saber lo que enseñan los Libros Sagrados, inspirados por Dios a ciertos autores humanos, sino que hay que intentar practicar, en la vida de cada día, lo que esos libros mandan y enseñan.  
 
2. Pues bien,  en cada Eucaristía, y en la de hoy también, no sólo se lee y escucha la Palabra de Dios, sino que el sacerdote celebrante la comenta, la explica y trata de iluminar con ella acontecimientos o comportamientos que, de una u otra manera, afectan a los fieles. Sería bueno y necesario que, de vez en cuándo, hiciéramos examen de conciencia para ver en qué medida ponemos en práctica las enseñanzas o preceptos contenidos en las lecturas de la misa dominical. 
 
Lo que está fuera de toda duda es que, si no influyen positivamente o influyen poco, nuestra actitud en la Misa no es la correcta, perdemos el tiempo, no escuchamos con atención o, lo que sería peor, no estamos dispuestos a convertirnos y mejorar. Sería esto señal de que nuestro corazón está endurecido y de que estamos rechazando la gracia de Dios, poniéndonos en peligro de no alcanzar la salvación o, al menos, de no alcanzar el grado de perfección y santidad al que Dios nos llama. 
 
3. Las lecturas de hoy, como las de cada domingo, contienen enseñanzas, que todos hemos de intentar vivir con entrega y generosidad, contando con la ayuda de Dios, que siempre nos es necesaria. El profeta Jeremías, en el primer texto escuchado, habla en nombre de Dios y lanza una muy dura diatriba contra los pastores que no cumplen con la misión de guiar a los hijos de Israel por los caminos de Yahvé: ¡ay de los pastores que dispersan y dejan que se pierdan las ovejas de mi rebaño! Por otro lado, pone en boca de Dios esta promesa: Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas… y las volveré a traer a sus dehesas…, les pondré pastores que las pastoreen (a las ovejas de su pueblo). 
 
Tal promesa se cumplió plenamente en Jesús de Nazaret, que afirmó de sí mismo con toda claridad: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye… Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.  
 
4. Ciertamente Cristo dio su vida por las ovejas, derramando su sangre en la cruz por todos y cada uno de los seres humanos, ovejas dispersas y heridas por el pecado. Pero a este Jesús entregado del todo en la cruz, lo vemos dando su vida también, aunque de otra manera, como aparece en el pasaje de san Marcos proclamado. Según el evangelio escuchado, el Señor experimenta compasión, una profunda conmoción interior, al ver a la multitud de hombres y mujeres que andan como ovejas sin pastor. Compasión de Jesús, que brota de su inmenso amor al ser humano y que lo mueve a la acción decidida y comprometida: se puso a enseñarles con calma. Veíamos el domingo pasado que Cristo envió, de dos en dos, a los apóstoles a predicar el Evangelio del Reino. Hoy hemos escuchado que volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.  Cristo, enviando a los apóstoles a predicar, nos viene a decir que los apóstoles y, con ellos, los obispos y sacerdotes participan del pastoreo de Cristo, y que son pastores juntamente con Él, el gran Pastor de su Pueblo, que es la Iglesia.    
 
Dios ha querido poner, como pastores de la Iglesia, a los sacerdotes, que siempre han de estar dando su vida por sus hermanos y sirviéndoles con amor. Sin los sacerdotes la Iglesia no podría cumplir los tres encargos que su Fundador encomendó a los apóstoles: predicar, santificar y gobernar el Pueblo de Dios.  Por esta razón, es necesario que niños y jóvenes oigan la voz de Dios, que los llama a dejar las redes de su familia, su ambiente, la carrera que habían empezado o la novia que ya tenían, para ir al Seminario, recibir la formación debida y ser ordenados sacerdotes. Conscientes de la importancia del sacerdote para la Iglesia y para el mundo, y conocedores de la crisis vocacional actual, todo hijo de Dios y de la Iglesia tiene el deber sagrado de poner todos los medios lícitos y buenos, que pueda, para promover vocaciones sacerdotales. El primero, y más importante, pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Y, junto a la oración intensa y frecuente, hay que invitar con audacia y santo descaro, a cualquier joven y niño con síntomas de vocación, a que se planteen el tema de la vocación para el sacerdocio.   
 
5. Le pedimos a la Santísima Virgen que interceda por la Iglesia para que haya una floración abundante de vocaciones para el sacerdocio y para la vida religiosa. 
 
DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B 
 
PAN PARA TODOS 
 
Por Alfonso Martínez Sanz 
 
Lecturas: II Reyes, 4, 42-44; Efesios 4, 1-6; Juan 6, 1-15 
 
1. El personaje, del que nos habla la primera lectura, es el profeta Eliseo, discípulo del gran profeta Elías. Junto a él, Yahvé fue preparando a Eliseo, para que cumpliera la misión que le iba a encomendar. Dios siempre da los dones y gracias necesarios a sus elegidos, con el fin de que puedan cumplir con lo que Él les encarga. Incluso, el propio nombre que les pone está, a veces, indicando la misión que le toca desempañar en la vida. Concretamente, el nombre Eliseo significa Yahvé es mi salvación. Toda la vida de Eliseo y todo su servicio fue un testimonio vivo del poder de Dios para salvar. 
 
Los dieciséis relatos milagrosos, que se cuentan de Eliseo en la Biblia, prueba de la misión divina que había recibido, tienen relación y hacen referencia a la actividad milagrosa de Jesús que nos narran los evangelios. Entre otros milagros, están éstos: llenar de aceite las tinajas vacías, resucitar al hijo de la sunamita y la multiplicación de los panes para alimentar a cien hombres, que es relato escuchado en la primera lectura proclamada hoy. El poder de Eliseo para hacer milagros recibido de Dios siempre lo emplea para sanar y salvar. 
 
2. Con los veinte panes de cebada que le trajo un hombre, Eliseo alimentó a cien hombres, a pesar de no ser cantidad de pan proporcionada para ese número de personas. El planteamiento del criado al profeta era razonable: ¿qué hago yo con esto para cien personas? La respuesta del profeta fue más que razonable, fue sobrenatural, llena de una plena confianza en Dios: dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: comerán y sobrará. Con ese milagro, Eliseo muestra una vez más que él es sólo un portavoz del Señor, y que, por medio de él, Dios hace oír su voz y manifiesta su voluntad. 
 
Tal como hemos escuchado en el evangelio de este domingo, Jesús aparece realizando una obra milagrosa semejante a la realizada por uno de los antiguos profetas, incluso mayor que la del profeta.  Con menos panes de cebada –sólo cinco panes y dos peces- alimentó a una multitud, en la que los hombres, sin contar a los demás, eran unos cinco mil y, además, llenaron doce canastas con las sobras. Y es que Cristo era más que profeta, era el Verbo encarnado, revelación del Padre, Dios y Hombre verdadero. 
 
3.  ¡Qué hermoso milagro el del evangelio de hoy! Cuando se comparte, llega para todos y sobra. El cristiano no puede olvidar nunca esto. La gente que estaba junto a Eliseo tenía hambre. La multitud que seguía a Jesús también la tenía. Y ni el profeta ni el Verbo encarnado, Cristo el Señor, se desentienden de esa situación, de esa necesidad material. 
 
Hemos escuchado dos frases que van dirigidas también a nosotros, que nos deben remover por dentro y que debemos intentar hacerlas realidad en nuestra propia vida, en la medida de nuestras posibilidades. La primera es de Eliseo, el profeta, que le dijo al criado, y Dios por medio de él a nosotros: dáselos (los panes) a la gente para que coman. La otra se encuentra en la narración que hace san Mateo de la multiplicación de los panes y de los peces. Jesús les dijo a los discípulos, que también somos nosotros: dadles vosotros de comer. 
 
4. En todos los tiempos ha habido multitudes de hermanos, personas como nosotros, que tienen hambre, que pasan hambre, que mueren incluso de hambre. Y no es que no haya alimentos en el mundo para que el hambre desaparezca. Lo que sucede es que lo bienes de la tierra están injustamente distribuidos. No es justo que, según dicen los entendidos, el veinte por ciento de la población posea el ochenta por ciento de los bienes, y el ochenta por ciento de los humanos sólo tenga el veinte por ciento de los bienes materiales. Sucede, además, que las nuevas crisis económicas generan nuevos pobres. En las cáritas parroquiales, a veces, cada semana aumenta el número de hermanos nuestros que acuden a solicitar ayuda. Es necesario, es urgente,  abrir los ojos, tener corazón, ser samaritano y ayudar al que lo necesite.  
 
 La Eucaristía se parte y se reparte para todos, la Eucaristía es el sacramento visible de lo que quiere Dios para el mundo: un mundo donde todos seamos hermanos y nadie pase necesidad. Es verdad que, en los tiempos pasados y en los actuales, la Iglesia ha tenido y tiene amor preferencial por los pobres, pero hemos de reconocer los cristianos, en particular, que no siempre hemos vivido ni vivimos ese sentido solidario de la Eucaristía, que no sólo es Presencia Real de Cristo en el Pan y en el Vino, sino y también con la misma intensidad, Presencia Real de Cristo en el Hermano que sufre y necesita de nuestro amor. El cristiano que participa de verdad, y no de manera rutinaria, en la Eucaristía, se va haciendo cada vez más solidario con los necesitados, no se crea necesidades como consecuencia de las modas o del ambiente que le rodea, sabe dar de lo que le sobra y, ¿por qué no?, también a veces de lo que necesita. El dadles vosotros de comer de Jesús no se queda para él en unas bonitas palabras, sino que procura vivirlo en el día a día. Tienen un gran significado esta frase de un sacerdote:  empecemos por compartir pequeñas cosas cada día, regalando a los demás el pan de nuestra amabilidad, de nuestra sonrisa, de nuestra generosidad, y el vino de nuestra alegría, de nuestra lucha por la justicia, la paz y la igualdad entre todos los hombres y mujeres de nuestro mundo.  
 
5. Que la Virgen nos consiga un corazón lleno de amor y de misericordia hacia nuestros hermanos necesitados de ayuda para vivir con dignidad. 


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