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En el altar de nuestra acogedora capilla del Santísimo, el cual simboliza a Cristo sacerdote, se celebra la Eucaristía todos los sábados y días laborables. La Sagrada Eucaristía es centro de la vida de la parroquia y ha de serlo de la vida cristiana de los feligreses.
 
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SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS
 
RECIBID EL ESPÍRITU SANTO
 
Lecturas: Hechos 2, 1-11; I Corintios 12, 3b-7. 12-13; Juan20, 19-23
 
1. La fiesta de Pentecostés, que hoy estamos celebrando, se consideró, en algunos tiempos, como la segunda Pascua. Aunque no haya que compararla  con la Pascua -la fiesta más importante para los católicos-, es verdad que forma una unidad con ella, en cuanto que es la conclusión de la cincuentena pascual: a los cuarenta días subió Jesús a los cielos y, diez días después, vino el Espíritu Santo.
Decía el Papa Francisco en una catequesis de una audiencia general: el tiempo pascual que estamos viviendo con gozo, guiados por la liturgia de la Iglesia, es por excelencia el tiempo del Espíritu Santo donado «sin medida» (cfr Jn 3,34) por Jesús crucificado y resucitado. Este tiempo de gracia concluye con la fiesta de Pentecostés, en la que la Iglesia revive la efusión del Espíritu sobre María y los Apóstoles reunidos en oración en el Cenáculo.
2. Antes de ascender a los cielos, Cristo dio a los apóstoles el mandato imperativo de ir a evangelizar el mundo entero. La tarea que les encomendaba era ardua, difícil, incluso imposible desde las solas fuerzas humanas, máxime, teniendo en cuenta  los defectos y la debilidad de sus discípulos. A simple vista se ve que ellos solos no podían hacer frente a tal encargo. Era necesaria la fuerza de lo alto.  Por ello, tal como nos decía el reciente evangelio del Domingo VI de Pascua, Jesús les prometió que pediría  al Padre que les enviara otro Defensor, el Espíritu de la verdad, que siempre estaría con ellos. Para que esa promesa se cumpliera –lo dice el libro de los Hechos-,  una vez quecomían juntos, les recomendó: no os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
 
En línea  con esta recomendación, los apóstoles regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos… Y cuando llegaron subieron al Cenáculo… y se prepararon para la venida del Espíritu  Santo, perseverando unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la Madre de Jesús, y sus hermanos. Así nos lo cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y, al comienzo del capítulo segundo del mismo libro, se dice: al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Y de repente sobrevino del cielo un ruido…, aparecieron unas lenguas como de fuego…, quedaron todos llenos del Espíritu Santo. La promesa de Jesús de enviarles el Espíritu de la verdad acababa de cumplirse.
 
3. Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del Espíritu Santo. La Iglesia nació del costado de Cristo y en su Resurrección, pero queda confirmada con la venida del Espíritu Santo.  Impulsada por su fuerza, a través de Pedro, la Iglesia empieza su misión, pues éste, de pie con los once, alzó la voz para hablarles. Daba comienzo así la predicación evangélica que durará hasta el final de los tiempos. Empezaba el cumplimiento del mandato de ir a predicar el Evangelio a todas las gentes.
 
El Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad que procede del Padre y del Hijo por vía del amor, cambió totalmente a los apóstoles. Con su poder santificador hizo de ellos hombres fuertes y valientes, eliminando el miedo y la cobardía, que habían tenido en la pasión y muerte del Señor. Les reveló la verdad plena que el Maestro les había enseñado y que, por la preguntas que hacían, se veía claro que no entendían. Los convirtió en hombres fieles que supieron gastar y dar su vida por Cristo y por el Evangelio.
 
4. El Espíritu Santo es –así se enseña en documentos del Magisterio- el alma de la Iglesia, que es vivificada con su poder y con su acción. En virtud de la acción del Espíritu Santo, se realizan los sacramentos y son fuentes de santificación. Porque el Espíritu de la verdad está actuando, de manera permanente, en la Iglesia fundada por Jesús, el Papa es infalible en cuestiones de fe y de moral y la verdad revelada, bajo la custodia del Magisterio, se va transmitiendo de generación en generación sin alteración alguna. Si cada uno de los bautizados puede alcanzar la meta de la santidad, a la que es llamado, es porque el Espíritu Santificador actúa en su vida, y en su alma,  y lo convierte de pecador en santo.
 
El Espíritu Santo es quien mueve los corazones de los fieles –jerarquía, religiosos y seglares- a que sean testigos de Cristo resucitado, desarrollando un apostolado permanente allí donde se encuentren. Podría decirse que especialmente los laicos o seglares han de tomar conciencia, en esta gran solemnidad, de que tienen que ser apóstoles, las veinticuatro horas del día, en la familia, en la fábrica, en la universidad, en el taller o en el bar. Haciendo ver la importancia y la necesidad del apostolado de los seglares, decía hace unos años un obispo español: la sociedad actual, o la evangelizan los seglares, o se queda sin evangelizar. Los seglares, aunque normalmente harán su apostolado de forma individual, dentro de lo posible, conviene que lo realicen también de forma asociada.
 
5. A la Santísima Virgen María, Esposa de Dios Espíritu Santo, le pedimos que la Iglesia y cada uno de sus hijos seamos dóciles al Espíritu Divino en nuestro deber de ser santos y de evangelizar nuestro mundo.  


Al contemplar la firma de la Beata María de Jesús, conviene saber que Santa Teresa admiraba el talento de de su hija María de Jesús, a la que consultaba asuntos de importancia. La Beata, por obediencia, contestaba y la Santa quedaba admirada. En una de estas ocasiones, la llamó “mi letradillo”.
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Puede verse una de las capas pluviales de la parroquia. Como empezó a usarse en las procesiones fuera del templo, ya en el siglo X, y se empleó para protegerse de la lluvia y del frío, empezó a llamarse pluvial. Se emplea en diversas ceremonias, por ejemplo, en la Exposición del Santísimo.