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La Beata María de Jesús, cuya imagen puede verse, es la Titular de nuestra parroquia. Nacida en Tartanedo y educada en Molina de Aragón, pueblos de nuestra diócesis, ingresó en el Carmelo de Toledo. De ella, siendo novicia, diría Santa Teresa: “María de Jesús, no será santa, es ya santa”.
 
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DOMINGO DE RAMOS, CICLO A
 
VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR
 
Lecturas: Isaías 50,4-7; Filipenses 2,6-11; Mateo 26, 14-27,66
1. Durante toda la cuaresma, nuestro Padre Dios nos ha estado diciendo por medio de la Iglesia: ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. Ojalá la hayamos escuchado, porque si es así su gracia no habrá caído en saco roto. Ojalá la hayamos escuchado, ésa será una señal clara de que hemos recorrido el camino de este tiempo santo, preparándonos de verdad para la Semana Santa que estamos comenzando hoy.
La liturgia del Domingo de Ramos, pregón del misterio pascual, tiene dos partes bien diferenciadas: la bendición y procesión con los ramos, que nos recuerda la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén como el bendito el que viene en el nombre del Señor, y la Eucaristía, en cuya Liturgia de la Palabra se lee la pasión según san Mateo. Jesús, sabiendo que había llegado su hora, se dirige a la Ciudad Santa para ser llevado al matadero y morir en la cruz por todos los hombres como el cordero que quita el pecado del mundo. Debido a las dos caras que tiene este día, se denomina Domingo de Ramos (cara victoriosa) o Domingo de Pasión (cara dolorosa).
2. En este día hemos de procurar vivir el aspecto festivo que  tiene, sintiendo alegría y gozo al ver a las gentes sencillas y a los niños aclamando con sinceridad de corazón al Hijo de Dios hecho hombre,  que se dirige con total libertad hasta el Calvario. Y se dirige para ofrecerse en sacrificio al Padre y pagar con su sangre por todos los pecados del mundo.
De este hecho de la vida del Señor, hemos de sacar una firme decisión o determinación: dejar  a Cristo entrar en nuestras vidas del todo. Nada de lo que somos, nada de lo que tenemos, pensamos o proyectamos puede quedar excluido de esa entrada de Jesús en la totalidad de nuestra persona y de nuestra vida. Y nos tiene que quedar bien claro que cuanto más le demos al Señor, más recibiremos; que a mayor entrega, mayor gloria a Dios y mayor felicidad para nosotros también aquí en la tierra.
3. También hemos de procurar vivir el aspecto de pasión de la fiesta de hoy. La carta a los Hebreos pone en boca de Jesús estas palabras al entrar en el mundo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo… Entonces dije…: aquí estoy,  oh Dios, para hacer tu voluntad”. Voluntad del Padre que cumplió, aunque en el Huerto de los Olivos su naturaleza humana tenía un gran miedo y, por eso, le pidió: Padre, pase de mí esta cáliz, pero no de haga mi voluntad sino la tuya.
Este contacto con la Palabra de Dios, la pasión según san Mateo, puede considerarse – y sería bueno que así fuera- como una preparación para vivir el Viernes Santo en sintonía total con Cristo ajusticiado, camino del Calvario y muerto en la cruz, derramando hasta la última gota de su sangre. Procuremos  tener los mismos sentimientos de Cristo, fruto del amor hacia Él y de una verdadera conversión.
4. De alguna manera, todos tenemos nuestro Getsemaní. El sufrimiento nos acompaña siempre con mayor o menor intensidad. Como decía un sacerdote: el dolor y el sufrimiento no han sido ahorrados ni al mismo Dios, hecho hombre en Jesús de Nazaret. Esto significa…  que son parte constitutiva de la historicidad del hombre, de su realidad finita, imperfecta, frágil y perecedera. Con no poca frecuencia ese sufrimiento es consecuencia de los enfrentamientos, de las peleas y de las agresiones físicas o morales. Cuando era arzobispo de Buenos Aires, advertía el actual Papa Francisco a los argentinos:  nuestro pueblo fiel está cansado de un mundo que agrede, que enfrenta a hermanos contra hermanos, que destruye y calumnia, y exhortaba a fomentar la cultura del encuentro ante tanto desencuentro entre unos y otros. La realidad demuestra que este clima social y espiritual de permanente pelea, afecta seriamente y de manera creciente la vida cotidiana…
Como Cristo, también hemos de pedirle al Padre que aparte de nosotros el cáliz del sufrimiento. Pero, si Dios en sus planes permite que los tengamos que beber, siempre hemos de estar dispuestos a que se haga su voluntad. ¡Dios sabe más que nosotros! Por algo lo estará permitiendo, aunque no lo comprendamos. El sacerdote citado seguía predicando que el sufrimiento  tiene un extraordinario valor, que el hombre ha de descubrir: un valor moral en la configuración de la personalidad humana: el que sabe sufrir se hace más hombre, y un valor redentor en el designio de Dios; el dolor del hombre contribuye a la redención operada por Jesucristo.
5. Estamos celebrando el Domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa, los días más santos de todo el año. Que los vivamos lo más santamente posible, participando con gran piedad y recogimiento interior en todos los actos litúrgicos, y evitando ser meros espectadores. Que sepamos sacar largos ratos para estar junto a Jesús Sacramentado en el Monumento, y procuremos también hacer oración adorando a la Santa Cruz. Participemos, además,  en la Gran Vigilia Pascual, la madre de todas las vigilias, con el deseo de que surja en nosotros  una vida nueva, para que, al resucitar con Cristo, busquemos siempre y en todo las cosas de arriba.
Que la Santísima Virgen María, al pie de la cruz, nos consiga la gracia de vivir santamente esta Semana Santa.  


La custodia, en la que se coloca la Hostia consagrada, tiene su origen en el s. XIII, con ocasión de la institución del Corpus. La que puede verse es de nuestra parroquia, y fue adquirida el Año de la Eucaristía (octubre 2004 a 0ctubre de 2005) promovido por Juan Pablo II.
 
Este sagrario se encuentra en la capilla. En él, bajo las apariencias de pan, Cristo está realmente presente con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Visitarlo diariamente es una prueba de corresponder al Amor con amor.