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El antiguo párroco D. Alfonso con unos hermanos y un grupo de feligreses posan en la puerta del convento, después de haberlo visitado, haber rezado ante el cuerpo de la Beata María de Jesús y haber hablado un largo rato, en el locutorio, con la priora y otra monja de la comunidad.
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DOMINGO XXX, TIEMPO ORDINARIO, CICLO A
 
EL AMOR POR ENCIMA DE TODO
 
Lecturas: Éxodo 22, 21-27; Tesalonicenses 1, 5c-10; Mateo 22, 34-40
 
1. Rafael Luque es un poeta, autor de estos preciosos versos: Amor por encima de todo/   La lluvia esta cayendo sobre la tierra/esta mañana el aire huele a húmedo/todo se mueve lento/ todo esta pidiendo AMOR/ amor que rompa las barreras de la vida/ amor que inunde cada uno de los rincones de nuestro ser/ amor que rompa los diques de contención/ amor que realice los sueños olvidados/ amor que una al hombre con el hombre para siempre/ amor que cure los corazones enfermos/ amor que cure los cerebros dañados/ amor que inflame todo el planeta/ amor que queme la violencia y la locura del ser humano/ amor que convierta en cenizas todo el pasado.
 
2. La poesía es bastante más larga y el autor sigue diciendo cosas muy bonitas sobre el amor por encima de todo. No aparece Dios en ninguno de sus versos, pero no se deduce que se escriba desde una perspectiva cristiana, aunque tampoco se excluye. Lo cierto es que lo que en ella se expresa puede encuadrarse en lo que el evangelio proclamado de este domingo nos ha recordado: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser… amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas, o como viene a decir el catecismo: estos diez mandamientos se encierran en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
 
Dios por naturaleza es Amor y, porque en su ser es amor, lo es también en su obrar dentro de la Trinidad, y en su obrar hacia fuera de la vida trinitaria: creación, redención, santificación. Puede, por tanto, decirse (nuestro lenguaje humano siempre es imperfecto al hablar de Dios) que, en Dios, el amor está por encima de todo. Respecto al hombre, la doctrina  católica nos enseña que fue creado a imagen y semejanza de Dios. Dios, que es amor,  lo creó por amor, y lo hizo capaz de conocerle racionalmente y de amar a semejanza de Él. Por esta razón, entre otras, el ser humano está llamado a poner el amor (a Dios y a su prójimo) por encima de todo.
 
3. cuando el fuego del amor impulsa al corazón del hombre a amar por encima de todo, además de actuar en coherencia con su propio ser y con el querer de su creador, vive feliz en la medida que aquí abajo se puede ser feliz, se santifica en su vida ordinaria y colabora eficazmente a curar muchas heridas, a hacer esta sociedad nuestra más humana y agradable, más llena de amistad y fraternidad, menos llena de violencias y enfrentamientos, y mucho más casa de la paz.
 
 Pero seamos realistas, vivir así es idílico. Ciertamente lo es, pero hacia ese ideal hemos de intentar dirigirnos. Es lo que nos pide el Señor en el evangelio de hoy: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… La meta, hacia la cual hemos de orientar nuestra vida toda, es amar a Dios y al prójimo del todo y por encima de todo. Por propia experiencia sabemos, sin embargo, que somos limitados y que nuestra naturaleza, herida por el pecado, tiende hacia lo cómodo, se deja llevar por la ley del mínimo esfuerzo ytira de nosotros para abajo. Son necesarias, por tal motivo, mucha lucha ascética personal y mucha gracia de Dios, porque sin mí no podéis hacer nada, nos dijo el Señor.
 
4. Nos enseña la teología católica que Dios da al bautizado toda la gracia que necesita, incluso, una gracia sobreabundante. Dios nunca nos dejará solos en  nuestro empeño por ser santos y por conseguir la mayor altura en el amor cristiano. Pero no olvidemos que nuestro corazón ha de estar ocupado del todo por el amor, manifestándolo con obras, un día y otro, hasta que el Señor nos llame.   Amor, sin obras, es amor muerto; y amor a Dios, sin amor al prójimo, es un amor mentiroso.
  
El amor a Dios conduce a la oración frecuente con el Señor; a poner los medios adecuados para vivir en gracia santificante; a recuperar esa gracia pronto, por la confesión, si se ha perdido por el pecado mortal; a participar en la Eucaristía dominical y ayudar a otros a que participen… Ha de traducirse en una infinidad de detalles concretos, que están en la vida propia de cada uno: desde una sonrisa por amor hasta dar el dinero propio con generosidad para obras de caridad o dignificación del culto en honor del Señor; en saber amar de veras al prójimo, ayudándole, perdonándole,  disculpándole, consolándole, haciéndole pasar un buen rato… Nos tienen que levantar ampollas en el alma las palabras del apóstol Juan: el que dice que ama a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso.
 
5. Con la humildad propia de los hijos de Dios, hemos de avivar los deseos de querer vivir el amor que Dios nos pide un poquito mejor cada día y, así, cada jornada estar un poquito más cerca  del amar por encima de todo. Nadie más que el cristiano ha de hacer realidad en su vida estas palabras de la poesía antes mencionada: que podamos tocar el amor con los dedos/llenemos todo el mundo de amor/en cada rincón del planeta inyectemos amor/pensemos solo con amor,/hablemos solo con amor/miremos solo con amor/respiremos amor/todo ese vacío llenémoslo de amor/todas las desgracias llenémoslas de amor/todos los odios cubrámoslas de amor/todas las diferencias inundémoslas de amor/ todas las mentiras ahoguémoslas en amor. Sin lugar a duda, nos ayudará la Virgen Santa María, a la que con devoción hemos de rezarle el santo Rosario.


El antiguo obispo de la diócesis, D. José; ayudado por el antiguo párroco D. Alfonso, administra el sacramento de la confirmación. Después de dos cursos de catequesis, los jóvenes reciben el gran sacramento que da al Espíritu Santo. Movidos por ese Espíritu han de ser testigos de Cristo en su ambiente.
 
Al contemplar la firma de la Beata María de Jesús, conviene saber que Santa Teresa admiraba el talento de de su hija María de Jesús, a la que consultaba asuntos de importancia. La Beata, por obediencia, contestaba y la Santa quedaba admirada. En una de estas ocasiones, la llamó “mi letradillo”.
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