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La foto que está delante fue tomada en uno de los Festivales de Navidad, que la parroquia y su Grupo Scout Alveus viene celebrando desde hace varios años. Durante el mismo, hay distintas intervenciones que ayudan a fomentar el espíritu navideño y el calor de hogar.
 
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DOMINGO XXXIII, TIEMPO ORDINARIO, CICLO B
 
DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA
 
SERÁN TIEMPOS DIFÍCILES
 
Por Alfonso Martínez Sanz
 
Lecturas: Daniel 12, 1-3; Hebreos 10, 11-14. 18; Marcos 13, 24-32
1.Durante los años 303 y 304 después de Cristo, el Emperador Diocleciano, después de 40 años de relativa calma, en que la comunidad cristiana había podido crecer y difundirse en varias zonas del imperio romano, impulsa una violenta persecución contra los cristianos, prohíbe la celebración de ritos sagrados y las reuniones, y manda quemar los libros sagrados y destruir los templos. En aquel periodo, en la ciudad de Abitina, al norte de África, un grupo de 49 cristianos, hombres y mujeres de todas las edades y pertenecientes a distintas clases sociales, contraviniendo las órdenes del Emperador, se reúne para celebrar el Día del Señor. Son descubiertos y encarcelados, y luego llevados a un tribunal para ser juzgados. El procónsul encargado del juicio   interroga al dueño de la casa donde se realizaba la reunión, un tal Emérito, quien no lo niega y, más aún, responde con una frase que se hizo famosa: nosotros, los cristianos, sin el domingo no podemos vivir, en latín, sine dominico non possumus.
Realmente eran cristianos con una fe auténtica, recia y comprometida. Su fe no era rutinaria y mal vivida; su fe no era para cuando los tiempos son fáciles y nadie complica la vida por vivir la fe. Esos cristianos vivieron su fe en los años de calma, cuando la comunidad cristiana crecía y se desarrollaba. Pero la vivieron también y fueron fieles, en medio de la persecución y ante el peligro de ser apresados y de ser martirizados. Su fe en lo que es y significa el domingo y la celebración de la Eucaristía les condujo a desobedecer las órdenes del Emperador, porque hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, como contestaron Pedro y los apóstoles al Sumo Pontífice, cuando les prohibió predicar. Sin el domingo no podían vivir. Así de grande era su fe. ¡Qué ejemplo de fe para nosotros, cristianos de fe débil y poco comprometida!
2. Nos encontramos en el penúltimo  domingo del año litúrgico, y la lectura primera y evangelio, con estilo apocalíptico, nos hablan del final del mundo, que estará acompañado de sucesos especiales, expresados por Jesús en lenguaje figurado, con metáforas que no hay  por qué interpretar en sentido literal.  Ciertamente, tal como dice el profeta Daniel en el texto escuchado, serán tiempos difíciles. Sin embargo, esta página del evangelio no ha de conducirnos a la psicosis o a la angustia. Hemos de permanecer, más bien, tranquilos y no dejarnos turbar lo más mínimo por estas previsiones catastróficas, siempre y cuando, a pesar de nuestras limitaciones y debilidades, estemos intentando ir por los caminos de Dios, y procurando vivir y morir en el Señor.
Es verdad que los textos nos hablan del final del mundo, cuando Jesucristo venga a juzgarnos y dar a cada uno según su conducta. También es verdad que, en ese momento, se dará la resurrección de los muertos, del cuerpo que murió y que, junto con nuestra alma, fueron nuestro yo, nuestra persona, nosotros mismos. Los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida perpetua, otros para ignominia perpetua. Habrá, pues, salvación eterna o condenación eterna.
3. Sin olvidar esto, la lección práctica que hemos de sacar es que, con actitud de vigilancia serena y permanente, nuestro proyecto, nuestro objetivo y nuestro intento de todas las horas sea ser fieles a Cristo y a su Iglesia, siendo fieles a las exigencias de nuestra fe católica. Y esto, aunque nuestros tiempos, sean –que lo son- tiempos difíciles.
Pero, en esos tiempos difíciles, la fe y sus exigencias no las vivimos aisladamente. Así nos lo recuerda el Día de la Iglesia Diocesana que estamos celebrando en esta jornada. Somos miembros de la Iglesia, somos la comunidad de los hijos de Dios en la parroquia y en el territorio más amplio de cada una de las diócesis, que tienen al frente a un obispo.  A este respecto, y con ocasión de esta Jornada, decía nuestro obispo: con esta celebración recordamos cada año que la pertenencia a la Iglesia universal se realiza y se concreta para nosotros en la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. En cada una de las parroquias de la diócesis, en comunión con el Papa, con el obispo diocesano y con los restantes miembros del pueblo de Dios, confesamos que existe un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos.
4.  Esta gozosa realidad hace que, apoyados por nuestros hermanos y apoyándonos en ellos, vivamos las exigencias personales de la fe cristiana, aunque sean tiempos hostiles los que nos toque vivir. Por otra parte, hemos de concienciarnos de que, por formar parte y ser Iglesia en la Iglesia diocesana, todos somos y hemos de sentirnos responsables y colaboradores en las actividades litúrgicas, caritativas, económicas, formativas y sociales, promovidas por la diócesis y las parroquias, para que la Buena Noticia de la salvación de Dios llegue a todos los hombres. Son también palabras de nuestro Pastor diocesano.
No puede olvidarse tampoco –y hay que ser consciente de ello- de que es fundamental que los católicos sostengamos económicamente, en gran medida, a nuestra Iglesia Diocesana. La generosidad ha de notarse en la aportación de la colecta de este domingo.
5. Pedimos a la Virgen, Madre de la Iglesia, que nos defienda, cuando nos tengamos que presentar delante de Dios, y que amemos y colaboremos sin descanso en las tareas de nuestra Iglesia diocesana.


La custodia, en la que se coloca la Hostia consagrada, tiene su origen en el s. XIII, con ocasión de la institución del Corpus. La que puede verse es de nuestra parroquia, y fue adquirida el Año de la Eucaristía (octubre 2004 a 0ctubre de 2005) promovido por Juan Pablo II.
 
Santa Teresa, la andariega, visitaba sus conventos. El cuadro recoge las veces que estuvo en Toledo. Había fundado e inaugurado un convento en Malagón. Desde allí, se trasladó a Toledo, a donde llegó enferma. Era el año 1568. Y, tras una corta estancia en Escalona, regresó a Ávila.
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