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El retablo de nuestra capilla del Santísimo, procedente de Santamera, renacentista, además del hueco para el sagrario, tiene en su cuadro central el relieve de San Roque. Sobre éste hay otro con la Virgen y el Niño y, a ambos lados del primero, dos pinturas en talla de dos evangelistas. En los relieves inferiores, un obispo y un diácono.
 
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DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

 EL JUSTO RESULTA INCÓMODO 

Por Alfonso Martínez Sanz 

Lecturas: Sabiduría 2, 17-20; Santiago 3, 16-4, 3; Marcos 9, 29-36 

1. Jesucristo trajo al mundo el mayor de los cambios habidos en la historia de los hombres. Y lo hizo con su persona, con su enseñanza y con su vida sencilla, que terminó con la muerte en una cruz, a la edad de treinta y tres años. No necesitó de armamento, ni de dinero, ni de poderío humano. Su mensaje de amor, de honestidad, de paz, de reconciliación, junto con su ayuda a los necesitados y su entrega total, ofreciéndose en sacrificio a Dios Padre en el calvario, hizo que el mundo se reconciliara con Dios y que la reconciliación entre los humanos sea posible. Se pasó de la cultura del ojo por ojo y del enfrentamiento, a la civilización del amor, que es fraternidad, perdón y servicio entregado a Dios y  a los demás.   

Este cambio que Cristo nos trajo no es, por lo tanto, fruto del cambio de la organización de la política, de la economía o de las estructuras sociales. Es fruto del cambio de los corazones, al aceptarle a Él como Dios y Hombre verdadero y como único salvador del mundo, y al aceptar su doctrina e intentar vivir en coherencia con ella. En definitiva, es fruto de hacer realidad en la propia vida aquella invitación que el mismo Jesús hizo al comienzo de su predicación evangélica: convertíos y creed el Evangelio.  

2. En este cambio se centran, de alguna manera, los textos litúrgicos del domingo que hoy celebramos. En el primer texto bíblico, aparece cómo el justo, que se siente hijo de Dios, es acechado y resulta incómodo para los impíos, porque con su vida honesta se opone a los pecados y malas acciones del malvado, al llevar una vida distinta, de un nivel moral más elevado. En esta lectura, al impío, que no entiende ni acepta la vida del justo, se le pide implícitamente un cambio de actitud, un cambio en el corazón.  

En el evangelio proclamado, ese mismo cambio se les pide a los apóstoles, que todos quieren ser importantes y discuten sobre quién era el número uno. Jesús, el Maestro, les hacer ver que su actitud interior ha de ser muy otra y que lo importante no es ser el primero, sino ser servidores auténticos de todos y cada uno de los hombres. Por su parte, y en línea con las otras dos lecturas, en la segunda, el apóstol Santiago propone a aquellos cristianos de la primera hora todo un programa de vida espiritual, que exige un cambio, un tanto radical, en su modo de vivir. 

3. Al hablar la primera lectura de que el justo con su vida resulta incómodo para los impíos, se está refiriendo primeramente a Jesucristo, que por excelencia es el justo que sufre y que es el verdadero Hijo de Dios. De Él, tal como indica el evangelio de san Mateo, se mofaban y hacían comentarios despectivos los que estaban viéndole morir en la cruz. 

Nos dicen los evangelios que Jesús todo lo hizo bien y pasó haciendo el bien. Sin embargo, la profecía del anciano Simeón, cuando sus padres lo llevaron al templo, de que iba a ser signo de contradicción o bandera discutida, se hizo plena realidad. Su modo de actuar, su doctrina, que perfeccionaba a la antigua Ley, sus milagros en sábado … hicieron que a los impíos les resultara incómodo,   lo acecharan, buscaran la ocasión para eliminarlo y lo consiguieran, condenándolo a muerte y haciendo que muriera en al cruz. Los diversos anuncios de Jesús, como el del evangelio de hoy, de que eso iba a ocurrir se cumplieron al pie de la letra.  

4. Así como Cristo lo fue, también el seguidor de Cristo, que pretenda seguirle de manera comprometida e intente ser justo, resultará incómodo en el ambiente en el que se mueva, porque con su vida, aunque no lo hiciera con palabras -que también lo hará-, está diciendo que el modo de vivir en contra de Dios, aprobando la injusticia o el aborto, o cegando las fuentes de la vida por medios no lícitos ni morales, o viviendo con la mujer que es de otro, porque con él se casó para toda la vida, no es lícito, ni honesto, ni querido o concorde con los planes del creador. Con su modo de vivir, el justo, el que  vive la fe cristiana de manera generosa puede considerarse como la voz de la conciencia que remuerde al que no vive como es debido. Y esto -se comprende- resulta incómodo.    

Al resultar incómodo, al justo, al cristiano coherente, le puede venir la tentación de no vivir públicamente su fe, ocultando su testimonio en la medida que pueda, puesto que, de no hacerlo, le pueden venir complicaciones, incomprensiones, comentarios, discriminaciones e, incluso, pérdida del puesto de trabajo en algún caso. La tentación puede venir –no hemos de extrañarnos-, pero en la tentación no se debe caer. Sería traicionar la verdad y al propio Cristo. Hemos de ser fuertes y valientes, fuerza y valentía que nos vendrá de Cristo por medio del Espíritu.  El beato Pablo VI venía a decir que nuestra sociedad está necesitada más de testigos que de predicadores. La Iglesia nos necesita así. Nuestra mayor alegría ha de ser conseguir ser justos que entregan su vida por los demás, aunque resultemos incómodos para ellos, y aunque nos sintamos nosotros incómodos por ser incómodos para los que nos rodean.  

5. El amor a la Virgen nos hará fuertes para ser justos, testigos valientes de su Hijo, sin echarnos para atrás, aunque por ser así resultemos molestos y no seamos políticamente correctos.



NOTICIAS

SANTORAL PARA HOY
Puede verse una de las capas pluviales de la parroquia. Como empezó a usarse en las procesiones fuera del templo, ya en el siglo X, y se empleó para protegerse de la lluvia y del frío, empezó a llamarse pluvial. Se emplea en diversas ceremonias, por ejemplo, en la Exposición del Santísimo.