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Al contemplar la firma de la Beata María de Jesús, conviene saber que Santa Teresa admiraba el talento de de su hija María de Jesús, a la que consultaba asuntos de importancia. La Beata, por obediencia, contestaba y la Santa quedaba admirada. En una de estas ocasiones, la llamó “mi letradillo”.
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Domingo XVII Ordinario A 

1. MONICIÓN DE ENTRADA 

            ¡Sed bienvenidos, hermanos y amigos, a la Eucaristía dominical! La Eucaristía es un privilegio, es un tesoro que el Señor pone al alcance de nuestra mano, del paladar de alma y de nuestro corazón, todos los domingos y también cada día. La Eucaristía es el verdadero tesoro, la perla preciosa de los que habla el evangelio de este Día del Señor. Que la Eucaristía sea siempre el centro y la raíz de nuestra vida cristiana, como enseña el Concilio Vaticano II. No dejemos que nada ni nadie se interponga entre Dios y nosotros. 

2. ACTO PENITENCIAL 

  • Porque no te tenemos siempre como nuestro tesoro. Señor, ten piedad. 
  • Porque con frecuencia no amamos tu voluntad. Cristo, ten piedad. 
  • Porque no somos testigos valientes de tu Reino. Señor, ten piedad. 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS 

            Si algo valora el Señor de nosotros es cuando, lejos de buscar nuestro bien, pedimos por el de los demás. Las lecturas que vamos a escuchar nos invitan a tres cosas: primero, a buscar el bienestar de los demás, como hace el rey Salomón, según la primera lectura; en segundo lugar, a hacer de Cristo nuestro TODO. Y el evangelio, por último, nos dice que Jesús, su Reino, su Palabra….son el tesoro mayor que hemos de intentar encontrar y tener. 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES 

  • Por la Iglesia, para que sepa ayudar a las personas a encontrar y vivir con Jesús de Nazaret. Roguemos al Señor. 
  • Por el Papa Francisco, para que su mensaje cale hondo en la juventud y surjan vocaciones abundantes para el sacerdocio y la vida religiosa. Roguemos al Señor. 
  • Por todos los que ponen su afán en los tesoros del mundo, en el tener y en el gozar a cualquier precio, para que sepan valorar las cosas espirituales. Roguemos al Señor. 
  • Por los que se encuentran de vacaciones para que no olviden el tesoro de la Fe, de la Eucaristía, de la Palabra de Dios. Roguemos al Señor. 
  • Por todos nosotros, para que hagamos más oración, para que no olvidemos a los que están en horas bajas, ni a los que, por diversas circunstancias, se han alejado del abrazo de Dios. Roguemos al Señor.  

5. PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS 

  • Al pan y el vino, tesoro que se cuida y crece en el campo, los traemos a la presencia del Señor. Se convertirán en su Cuerpo y en su Sangre y, al comulgar, nos darán el ánimo necesario para no alejarnos de Dios. 

6. ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Mi tesoro, eres Tú, Señor.

Mi perla, eres Tú, Señor.

Mi riqueza, eres Tú, Señor.

Mi esperanza, eres Tú, Señor.

Mi fortaleza, eres Tú, Señor.

 

¿Por qué siendo Tú

mi perla, mi tesoro

mi riqueza, mi esperanza,

mi fortaleza y mi todo

pongo mis ojos en otras cosas?

 

Dame, Jesús, corazón para amarte,

alegría, para pregonarte,

y oídos,  para escucharte

Amén

  

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR, CICLO A  

1. MONICIÓN DE ENTRADA 

     Estamos celebrando la fiesta de la Transfiguración del Señor, que litúrgicamente prevalece sobre el domingo. Cristo, Señor nuestro, manifestó su gloria, en el monte Tabor, a unos testigos predilectos, a Pedro, Santiago y Juan. Les dio a conocer en su cuerpo, semejante en todo al nuestro, el resplandor de su divinidad.  Con esta manifestación de su divinidad, Cristo fortaleció la fe de los apóstoles para sobrellevar el escándalo de la cruz, y alentó la esperanza de la Iglesia. Que, en este día festivo, crezca nuestra fe en Jesús y se agrande nuestro deseo de escucharle y seguirle. 

2. ACTO PENITENCIAL 

  • Porque no tenemos una fe coherente y comprometida: Señor, ten piedad.
  • Porque te escuchamos, pero sin intención de convertirnos: Cristo, ten piedad.
  • Porque nos resistimos a llevar con amor la cruz de cada día: Señor, ten piedad. 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS 

Los apóstoles estuvieron con Jesús y lo acompañaron en su camino por tierras de Palestina. Éstos nos han transmitido lo que Jesús hizo y vivió. Según el testimonio de Pedro en su segunda carta, este anuncio no lo hicieron fundados en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con sus propios ojos en toda su grandeza. Es lo que ocurrió en el monte Tabor. Tres apóstoles, tal como nos cuenta el evangelio de hoy, vieron cómo se transfiguró Jesús y oyeron realmente que Dios Padre nos invitaba a escuchar a su Hijo amado. Prestemos la máxima atención a las lecturas que vamos a proclamar. 

4.  ORACIÓN DE LOS FIELES 

  • Por toda la Iglesia, para que con su testimonio manifieste al mundo su origen divino y siembre semillas de esperanza en todos los pueblos: Roguemos al Señor.
  • Por todos los cristianos, para que vivamos siempre llenos de la luz y la alegría de la fe: Roguemos al Señor.
  • Por aquellos que no conocen a Jesucristo, para que Espíritu Santo renueve su corazón y les dé su gracia: Roguemos al Señor.
  • Por los que viven en la oscuridad de la tristeza y la desesperanza, para que encuentren una mano solidaria que les ayude a salir adelante: Roguemos al Señor.
  • Por nosotros y nuestra comunidad parroquial, para la Eucaristía sea siempre para nosotros un intenso encuentro con Dios: Roguemos al señor. 

5. PRESENTACIÓN DE LAS OFFRENDAS 

            Presentamos el pan y el vino, que se convertirán, por la consagración, en el mismo Cristo, Hijo de Dios Padre, el cual  se transfiguró ante tres de sus apóstoles y al que hemos de escuchar y seguir, si queremos ser buenos discípulos  suyos. 

6. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Oh Cristo, que, antes de entregarte a la pasión,
quisiste manifestar en tu cuerpo transfigurado
la gloria de la resurrección futura,
te pedimos por la Iglesia que sufre:
que, en medio de las dificultades del mundo,
viva transfigurada por la esperanza de tu victoria.

Cristo, Señor nuestro, que tomando a Pedro,
Santiago y Juan los llevaste contigo a un monte alto,
te pedimos por el Papa Francisco y por los obispos:
que, llenos de aquella paz y alegría que son fruto
de la esperanza en la resurrección, sirvan fielmente a tu pueblo.

Cristo, esperanza nuestra, que iluminaste al mundo entero
cuando sobre ti amaneció la gloria del Creador,
te pedimos por todos los hombres de buena voluntad:
haz que caminen siempre siguiendo el resplandor de tu luz.

Cristo, Salvador nuestro, que transformarás
nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el tuyo,
te pedimos por nuestros hermanos difuntos:
transfórmalos a imagen tuya y admítelos ya en tu gloria.

 Amén   

  Domingo XIX del tiempo ordinario, ciclo A 

 1. MONICIÓN DE ENTRADA  

   Hermanos y amigos: ¡Es el Día del Señor! En el Día del Señor, suenan las campanas, elevamos oraciones, nos reunimos en torno al altar, nos vemos y cantamos la alegría de ser cristianos. La Eucaristía dominical, aunque nos parezca repetición, es siempre nueva, es brisa para nuestros corazones, para nuestros problemas y para nuestra fe. Iniciamos esta celebración con la disposición de seguir a Cristo y con la ilusión de darle a conocer, animando a otros a que orienten sus vidas de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio.   

2. ACTO PENITENCIAL  

  • Porque preferimos caminar sobre el materialismo de nuestra sociedad, y de acuerdo con él, antes que sobre las aguas de la fe y en coherencia con ella. Señor, ten piedad. 
  • Porque caemos demasiadas veces por no meditar tu Palabra o por no esforzarnos por seguirte. Cristo, ten piedad. 
  • Porque nos perdemos y nos asustamos en las tormentas de la vida, al faltarnos la confianza en Ti. Señor, ten piedad  

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS  

    Creer en Dios es pedirle, con todas nuestras fuerzas, que salga a nuestro encuentro en toda situación, en las dificultades, en las alegrías y en las penas. Las lecturas de hoy nos vienen a decir que el que cree ha de fiarse y dejarse llevar por la mano del Señor. Sólo quien confía en el Señor, y se abandona del todo en sus manos, encuentra la paz y vive con serenidad, aun en medio de los problemas o cruces. Meditemos lo que nos dicen las lecturas de hoy.  

4. ORACIÓN DE LOS FIELES  

  • Por la Iglesia, para que, en medio de las aguas que pretenden apartarla de la realidad del mundo y de la vida pública, sepa actuar con decisión mirando hacia el futuro y confiando siempre en Cristo. Roguemos al Señor.
  • Por todos los jóvenes, para oigan la voz de Cristo que los llama a seguirle con fidelidad y entrega, a pesar de los halagos del mundo . Roguemos al Señor.
  • Por los llamados al sacerdocio, para que sean muchos, sepan escuchar a Dios que los llama y le sigan siendo sacerdotes generosos y santos. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que estamos en esta Eucaristía, para que, a pesar de nuestras dudas, nos agarremos con fuerza a la mano de Cristo, como Pedro, y en él encontremos la fortaleza necesario para sus testigos en todos los ambiente. Roguemos al Señor.
  • Para que no nos hundamos en nuestros problemas, para que sepamos buscar ayuda con humildad, y para que, movidos por la fe y la esperanza en Dios, caminemos siempre en plena coherencia con nuestra fe. Roguemos al Señor.  

5. PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS  

  • Con la presentación del pan y del vino, la ofrenda más viva y más grata a los ojos de Dios, nos comprometemos a subirnos en la barca de Jesús. Una barca, que jamás se vendrá abajo por muchas contrariedades o persecuciones que encuentre, pues cuenta hasta el final de los tiempos con la fuerza de Cristo resucitado  

6. ORACION DESPUÉS DE LA COMUNIÓN  

TUS OJOS ME MIRAN, SEÑOR,
y, si me miran, nunca fracasaré; 
y, si me siguen, nunca me apartaré de Ti; 
y, si están fijos en mí, no tendré miedo. 
 
TUS OJOS ME MIRAN, SEÑOR, 
porque me quieres y me proteges; 
porque me guías y me alcanzas; 
porque me acompañas y me diriges. 
 
TUS OJOS ME MIRAN, SEÑOR, 
para que no me ahogue en mis debilidades; 
para que no tenga miedo frente a las dificultades; 
para que, mirándote, como Tú me miras, 
te conozca y te ame cada día más 
Amén.    


NOTICIAS

SANTORAL PARA HOY
Pude verse uno de los cálices y una de las patenas de nuestra parroquia, objetos sagrados, con los que ofrecemos el pan y el vino en la Misa, y que, con la consagración, se convierten en el Cuerpo y Sangre del Señor, que después comulgamos.