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Es la sede de nuestro templo. Representa a Cristo guía, presidente, de la asamblea convocada para celebrar la Eucaristía. Junto con el ambón y el altar, son los tres espacios fundamentales del presbiterio. Ver la sede ha de movernos a dejarnos conducir por Cristo representado por el sacerdote.
 
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DOMINGO XIX ORDINARIO A
 
Monición de entrada
Bienvenidos a la Eucaristía de este domingo, día de la Resurrección de Jesús, en la fiesta en Europa de su patrona mártir en un campo de exterminio nazi, santa Edith Stein, judía que se adhirió a la fe en Jesucristo. Cuando estamos celebrando los 90 años del inicio de la segunda Guerra Mundial, celebremos que Jesucristo es nuestra paz y que nos hace a todos nosotros “obreros de la paz”.
 
Saludo
Que el Señor Jesús, que nos hace pasar de la esclavitud a la libertad, esté siempre con todos vosotros.
 
Acto Penitencial
Que el Señor Jesús venga hoy a nuestro auxilio, hombres y mujeres de “poca fe”, que nos tome de la mano y nos suba a la barca de su Iglesia:
 
-Tú, Padre, no abandonas la barca de los discípulos de tu Hijo, sacudidos por su “poca fe”: Señor, ten piedad.
-Tú, Jesús, Hijo del Padre, eres la vela que en el mástil de la cruz llevas la barca de la historia hacia el puerto de tu Reino: Cristo, ten piedad.
-Tú, Espíritu Santo, eres la brisa que empujas la barca de tu Iglesia hacia el puerto de tu Reino: Señor, ten piedad.
 
Monición a la Primera Lectura
Abramos el oído y el corazón a la experiencia religiosa del profeta Elías. Tras su aparente triunfo sobre los idólatras de Baal, Elías se siente decepcionado de su Dios: no es tan poderoso como él se imaginaba. Elías sin darse cuenta se había hecho una imagen falsa de Dios, un auténtico ídolo, cayendo en la misma equivocación que quería corregir en su pueblo. Pero Dios le manifiesta dónde realmente él está: en el sencillo, en el pequeño, en el frágil, en el pobre, en el perseguido... 
 
Salmo Responsorial
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
 
Monición a la Segunda Lectura
Las palabras de Pablo que escuchamos hoy hablan de su cariño hacia los de su pueblo Israel, a pesar de no haber recibido de ellos sino rechazo y persecución. Escuchemos también su esperanza de que su pueblo reconocerá finalmente al Mesías Jesús.
 
Monición a la Lectura Evangélica
A los que estamos en la barca, a los discípulos de hoy, a los que vivimos entre las dudas y la fe… van dirigidas estas palabras que nos disponemos a acoger, como quien alarga la mano para ser salvado...
 
Oración de los fieles
“Señor, ¡sálvanos!” es la súplica de Pedro que vamos a elevar al Señor Jesús con los gritos de tantos náufragos de nuestro tiempo.
 
-Por la barca de tu Iglesia, hoy también vapuleada por las olas del descrédito, la incomprensión, la irrelevancia social, la manipulación partidista… también por la “poca fe” de sus miembros. Roguemos al Señor.
 
-Por todos los que no “ponen pie” en la prueba, sin nadie que les tienda una mano de socorro. Roguemos al Señor.
-Por los que no perciben que Dios está a su lado en medio de las tormentas de sus vidas. Roguemos al Señor.
-Por nosotros, que como Pedro, somos hombres y mujeres de “poca fe”… Roguemos al Señor.
 
Oh Dios, nuestro Padre, tu misericordia con todas tus criaturas no es menor que tu poder sobre ellas, escucha nuestras oraciones y haz que te reconozcamos presente y activo en todos los acontecimientos de nuestra historia, para que sepamos así afrontar las pruebas con serenidad y avancemos confiados hacia la paz de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Despedida 
“¡No tengáis miedo!”. Jesús, el Resucitado, está siempre con nosotros. Podéis ir en paz…


La custodia, en la que se coloca la Hostia consagrada, tiene su origen en el s. XIII, con ocasión de la institución del Corpus. La que puede verse es de nuestra parroquia, y fue adquirida el Año de la Eucaristía (octubre 2004 a 0ctubre de 2005) promovido por Juan Pablo II.
 
El antiguo párroco D. Alfonso con unos hermanos y un grupo de feligreses posan en la puerta del convento, después de haberlo visitado, haber rezado ante el cuerpo de la Beata María de Jesús y haber hablado un largo rato, en el locutorio, con la priora y otra monja de la comunidad.
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